Krass

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Krass*
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Ana Solari
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Personajes

La niña
Luis
El padre
La Figura
(la mujer sin ojos)

Aclaración
(Quizá las escenas estén pensadas como clips que pueden ser montados o algo similar)
El público entra a un espacio todo pintado de negro (techo, paredes, piso). Hay gradas, como en una plaza de toros, o una reja o algo que demarque el espacio de ficción y realidad, pero de modo que TODO dé la sensación de ser un mismo espacio del que no se puede escapar.


Escena 0

que puede repetirse o insertarse cada vez que el director quiera:
La Figura, de frente al público, o a un costado o en segundo o último plano:
se retuerce, se contorsiona, aúlla en silencio; hace algunos movimientos que pueden interpretarse como una masturbación, pero también como el imperativo de quitarse las ropas y la propia materialidad del cuerpo. En algunos momentos llega a meterse los dedos en las cuencas vacías de los ojos, en la boca. Se acerca al límite del escenario y danza en forma torpe y grotesca más para sí misma que para el público. Su intencionalidad está en otra parte, que se deducirá a lo largo de la obra. Lo recomendable es que esta performance de la Figura se repita siempre con la misma música de fondo, en forma independiente de lo que transcurre en escena.

Quizá acapara la atención del espectador o quizá no, a la Figura eso no le importa. Es independiente de lo que acontece, pese a que su presencia es fundamental.
 


Escena 1

Escenario a oscuras. Suena una música que puede ser de caja de música, pero desafinada, o Sweet Dreams de Marilyn Manson (o lo que el director sienta que debe ser. Creo que debería ser una música estridente).

Se enciende la luz en forma breve pero suficiente como para que se alcancen a ver algunos juguetes infantiles en el suelo negro: un vagón de ferrocarril, una muñeca desnuda, una pelota grande de colores, un poco desinflada, separados a gran distancia entre sí, de modo que en realidad parezca que están solos en el espacio.
Se apagan la luz y la música.


Escena 2

Todo a oscuras. La voz de la niña entona con voz aguda la melodía que sonó en la Escena 1; después se interrumpe y se hace silencio.
Se enciende la luz.

En el escenario hay una silla muy alta. En ella la niña, ostensiblemente niña. Tiene una muñeca de trapo en una mano, que cuelga. La muñeca es de trapo; tiene brazos y piernas larguísimos, es una muñeca fea, una no-muñeca.

Niña:
Soy una niña. Está a la vista. Hago cosas de niña. Me porto como una niña. Canto canciones de niña. (pausa) Ser niña es aburrido. Quiero crecer. Cuando crezca hay cosas que ya no voy a hacer. Como jugar, por ejemplo.

Mira hacia abajo. La luz enfoca los juguetes que hasta ahora no se veían. A un costado hay un bulto bajo una sábana un poco sucia.

Niña:
Por ahí debe de estar mi papá. Con mi mamá no juego, con mi papá sí. Siempre es así: las mamás están ocupadas en educarnos; los papás están para jugar. Es el único momento que tienen para olvidarse de lo que son.

Se baja de la silla con cuidado, sin soltar la muñeca.

Niña:
Los niños jugamos a juegos de niños. Me gusta jugar. Además, cuando crezca, cuando sea grande, no voy a jugar más. Los grandes no juegan. Sólo mi papá juega. Pero mi papá...

Busca algo en alguna parte cerca de la silla.

Niña:
Voy a un taller de pintura. Mi mamá dice que hay que estimular a los niños. Pintura, cerámica, música, canto, baile. Me gusta pintar. Y juego con mi papá. Capaz que fue pintor. No estoy segura. Los niños estimulados son más inteligentes, más sensibles. Eso le dijo la maestra de pintura a mi mamá. Yo escuché. Quiero ser inteligente y sensible. Estar preparada para cuando sea grande. Mi mamá no fue a talleres estimulantes cuando era niña porque mis abuelos eran pobres y un poco brutos. No sabían eso. Mi mamá es un poco inteligente y un poco sensible. Un poco, nada más, y yo me doy cuenta.

Se acerca al bulto debajo de la sábana. Se pone de espaldas al público y no se ve lo que hace. El bulto gime en forma tan leve que no es seguro si se lo ha escuchado o no.

Niña (molesta):
No empieces otra vez a quejarte. No duele. Es sólo pintura. Está fría. No duele. Esto no duele. Es lo que me dice mi mamá cuando me peina: no grites que no duele. Pero duele, sólo que es mi pelo y no el de ella.
Los papás y las mamás siempre dicen que tienen que estar con nosotros, los hijos. Se preocupan mucho, los míos. Me educan, me alimentan, me enseñan lo que está bien y lo que está mal. Es útil; mi mamá dice que no se puede ir por la vida sin saber distinguir lo que está bien de lo que está mal. Tiene razón. Yo distingo. Está mal mentir; está bien decir la verdad, siempre. Yo le dije a mi abuela que era fea y aburrida y mala y que no sabía ser abuela. No le mentí. Le dije que tenía feo olor, a orín, y que no me gustaba estar con ella. Se puso a llorar y mi mamá me rezongó, dijo que no tenía que decirle esas cosas. Mi papá no dice nada. Siempre entiende, aunque no habla demasiado. Mi papá vive en otra parte. A veces está, a veces no.

Sigue manipulando en el bulto, y cuando lo hace, se pone de espaldas al público.

Niña:
Así no puedo. Si te pones a temblar no puedo. Me sale mal el dibujo y después la maestra dice que no hago los deberes, que no presto atención. La maestra es un poco gorda. Es fea. Nos tiene miedo. Es fácil darse cuenta de que nos tiene miedo: suda cuando hace frío y se saca el abrigo. Nadie le haría nada, con esa cara que tiene. Nadie, ni siquiera Luis.
Luis es mi mejor amigo. Sabe muchos juegos y me los enseña. Dentro de un rato va a venir y vamos a jugar con mi papá.
 

 


Escena 3

Se enciende la luz. En la silla alta está la muñeca. La niña no está a la vista. La luz recorre el escenario (el fondo) y se detiene un segundo en la niña, que está recostada contra la pared, y se abraza las piernas. Después se apaga la luz y se vuelve a encender en el recorrido. Apenas ilumina La Figura. Hace un paneo, y después se detiene en La Figura.

La Figura no tiene un rostro reconocible, se parece más a una máscara desdibujada o derretida. Tiene pelo rojo, crenchas, mechones. Los ojos son dos cuencas vacías, oscuras. La boca es un agujero. Va vestida con un vestido verdoso y un saco viejo y largo. Descalza, los pies envueltos en trapos. Las manos son garras.
Está parada en un rincón, a unos pasos de la niña. La mira.

La secuencia lumínica es la siguiente:

Primera encendida: luz sobre la niña contra la pared, la cabeza oculta entre los brazos
Segunda encendida: luz sobre la figura, parada, quieta, casi de perfil, hacia la niña
Tercera encendida: luz sobre la niña que mira hacia la figura, con cara de susto y vuelve a esconder la cabeza
Cuarta encendida: luz sobre la figura que se acerca a la niña, no se sabe si en forma amenazadora o curiosa. igual asusta.
Quinta encendida: luz sobre la niña, que mira hacia la figura, los ojos muy abiertos y después estira una mano como para apartarla y trata de pararse
Sexta encendida: la figura tan cerca de la niña, que la luz ilumina los pies de la figura y los zapatos de la niña

Ruido de algo pesado que cae y pasos de la niña que corre, todo esto en la oscuridad.



Escena 4

Luis:
¿Dónde estás? No te escondas. Igual te voy a encontrar.

Se escuchan ruidos.

Luis:
Anda o me voy. Vamos a jugar.

Aparece la niña arrastrando la muñeca.

Niña:
La vi otra vez.

Luis:
¿A quién?

Niña:
A ella. La mujer sin ojos.

Luis
Otra vez con esa mentira. No te creo nada.

Niña:
No soy mentirosa. No soy mentirosa.

Luis
Ya sé, las niñas como tú no mienten. Tienen mamás que les enseñan que mentir está mal.

Niña:
Sí. Está mal. Si miento, después nadie me cree.

Luis:
Vamos a jugar. Yo no te creo lo de la mujer, lo otro sí. Tu mamá no entiende nada.

Niña:
¿Y entonces cómo te das cuenta de qué es mentira y qué es verdad?

Luis:
Me doy cuenta. Mi papá me enseñó. Él trabaja en eso.
Pero vamos a jugar, anda. Si no me aburro.

Niña:
Bueno. Está bien. ¿A qué vamos a jugar?

Luis:
Adivina.

Niña:
No sé. Dime.

Luis:
Traje algo.

Saca del bolsillo una botella y un bicho.

Niña:
¿Qué es?

Luis:
Un gatito que encontré.

Niña:
Qué lindo. Qué chiquito. ¿Me lo regalas?

Luis:
No, no te lo regalo. Es para jugar, por eso es chiquito.

Niña:
¿Cómo es el juego?

Luis:
Lo metemos adentro de la botella.

Niña:
Ah. Pero la cabeza no va a entrar.

Luis:
Sí, se la torcemos un poco. Como los bebés. Son blanditos.

Niña:
No me gustan los bebés, no hacen nada.
(mira al animal) Pero éste no tiene la cabeza muy blandita.

Luis:
No dije que era un juego fácil. Si lo metes primero, ganas.

Niña:
A ver, dame. ¿Y qué gano?

...

Luis:
Me toca a mí. No pudiste. Mira cómo quedó. Lo rompiste.

Niña:
No lo rompí, se torció un poco. Además, qué vivo, ahora vas a poder tú y me vas a ganar.

Luis:
No, porque ahora no pasa el resto. Está demasiado gordo.

Niña:
Deberías de haber conseguido uno más flaco, o recién nacido.

Luis:
Bueno, no había. Por lo menos conseguí éste.
La vendedora dijo: qué lindo, te gustan los animalitos, ¿no?

Niña:
¿Y ahora qué hacemos?

Luis:
No sé. Es tu turno de inventar algo.
Siempre invento yo.

Niña:
¿Y si pintamos a mi papá?

Luis:
¿Otra vez? Siempre con tu papá. No tengo ganas. Ayer no quiso jugar mucho. ¿Te acuerdas?

Niña:
Estaba cansado. Había trabajado mucho.

Luis:
Mi papá trabaja más que el tuyo y no se cansa.
Tu papá no hace nada.

Niña:
Hace, sí. Pero el trabajo de tu papá no es como el del mío. Mi papá es papá.

Luis:
Tu papá no hace nada importante. Mi papá sí.

Niña:
Ufa, siempre dices lo mismo.

Luis:
Bueno, vamos.

Niña:
¿En serio piensas que soy mentirosa?

Luis:
Con algunas cosas sí. Lo de la mujer sin ojos no te lo creo.

Niña:
Cuando la veas, me vas a creer.

Luis:
No la voy a ver nunca. No existe. Es un invento. Te la imaginas.

Niña:
¿Trajiste la cuchara?

Luis:
Sí, la tengo por acá.

Niña:
Muéstramela, anda.

Luis:
Después.

Niña:
No, ahora. Quiero verla.


Luis:
Bueno, está bien. Pero ten cuidado, no te cortes. Está recién afilada.

Niña:
¿La afilaste tú?

Luis:
Claro. Usé la piedra de afilar de mi papá.

Niña:
¿Y para qué quiere tu papá una piedra de afilar?

Luis:
Qué pregunta estúpida. ¿Para qué va a ser? La usa en el trabajo. Tiene que tener todo bien afilado, ya te lo expliqué.


Luis se la entrega. La niña la toma y la mira, embelesada. Es una cuchara de sopa de plata, que brilla mucho.

Niña:
Mira, parece un espejo. Me veo.

Luis:
No seas tarada. No es un espejo.

Niña:
Sí, sí. Me reflejo. ¿Me la prestas hasta mañana? Mi mamá no quiere que me mire mucho al espejo.

Luis:
No te la presto.

Niña
Anda, anda, sí, por favor.

Luis:
¿Y para qué la quieres?

Niña:
Si viene la mujer otra vez, me defiendo con esto.

Luis:
No, no te la presto.

Niña:
Por favor, por favor. Te regalo lo que quieras.

Luis:
¿Lo que quiera?

Niña:
Sí.

Luis:
Bueno, te la presto.

Niña:
¿Y qué quieres que te regale?

Luis:
Te lo digo mañana, cuando me la devuelvas.

Niña:
Bueno.

Luis:
Anda, busca las pinturas.

Niña:
Están allí, cerca de...

Luis:
¿Pintaste sin mí?

Niña:
No, bueno, sí, un poco.

Luis:
¿Y qué hiciste?

Niña:
Nada, arreglé lo de ayer. Estaba desprolijo.

Luis:
Por culpa tuya. La parte esa quedó mal.

Niña:
No fue por culpa mía. Se movió. ¿Qué querías que hiciera?

Luis:
No se tiene que mover. Es tu papá, no el mío.

Niña:
Bueno, pero ya lo arreglé. Quedó bien.


Se acercan al bulto.

 


Escena 5

La luz ilumina a La Figura, de modo que el público durante un instante puede verla y reconocerla. La Figura se acerca a lo que sería el borde del escenario. Camina con lentitud pero con determinación. Hace un gesto como si fuera a hablar, después se toma la cabeza con las manos y aúlla, pero no sale ningún sonido. Entonces busca la silla y de a poco comienza a trepar por la escalera. Entonces la luz enfoca hacia arriba: la niña con la muñeca en brazos, la mira. Cuando La Figura alcanza lo que sería el asiento de la silla, la niña le da una patada y la empuja. La Figura pierde el equilibrio y resbala, pero no cae: se sostiene de uno de los travesaños de la escalera, un brazo en el aire, la cabeza hacia atrás. El público debe sentir cierta empatía con ella, cierta compasión, pese a que es repulsiva y amenazadora.

 


Escena 6

La niña en la silla.
Entra Luis.

Luis:
¿Qué estás haciendo?

Niña:
Nada. ¿No ves?

Luis:
Volviste a verla.

Niña:
Sí. ¿cómo sabes?

Luis:
Porque tienes esa cara.


Niña
Es la única que tengo.

Luis:
No es cierto. Cuando jugamos...

Niña:
La cuchara estaba muy afilada. Me lastimé.

Luis:
Te lo dije. No es para niñas.

Niña:
¡Yo no soy una niña!

Luis:
Já. Já. Já. Eres una niña, sí. Las niñas tienen menos fuerza que los niños.

Niña:
Voy a bajar. Te voy a mostrar dónde estaba la mujer sin ojos.

Luis:
Bueno, igual no me importa. Es una mentira.

Niña:
Acá. Justo donde estás parado.

Luis:
Lo dices para asustarme.

Niña:
No. Me dio un poco de pena. Quería decirme algo.

Luis:
No seas estúpida y vamos a jugar. Vamos a jugar con tu papá.

Niña:
No sé si está. Quiero contarte de la mujer sin ojos.

Luis:
No, no me interesa nada tu mentira.
Tu papá a veces está y a veces no. ¿A tu mamá no le molesta?

Niña:
No sé. Me parece que no. Mi mamá habla con mi abuela. A mi abuela no le gusta mi papá. Una vez se lo dijo y se pelearon.

Luis:
A mi abuela no le gusta mi mamá.

Niña:
Capaz que a las abuelas no les gustan los otros. Son un poco raras.

Luis:
Mi abuela no es rara. Es que mi mamá...

Niña:
Tu mamá no te enseña bien.

Luis:
Para eso está mi papá. Yo quiero ser como él.

Niña:
Yo no quiero ser como mi papá. Pero tampoco quiero ser como mi
mi mamá. Ni como mi abuela.

Luis:
¿Y cómo quién quieres ser?

Niña:
Como nadie. Como yo. Yo soy yo. No me parezco a nadie.

Luis:
Para mí que quieres ser como la mujer sin ojos.

Niña:
No. La mujer sin ojos... No, es muy fea. Me asusta. Me da miedo.

Luis:
La culpa es tuya. Tú te la imaginas; además, siempre jugamos a cosas que nos asustan.

Niña:
Sí, pero son juegos. Ella es de verdad. No es un juego.

Luis:
Cállate. Dame tu muñeca.

Niña:
¿Para qué?

Luis:
Dámela.

La niña se la da. Luis la toma y le arranca un brazo y un ojo.

Niña:
¿Por qué hiciste eso?

Luis:
No me gusta cuando mientes. La mujer sin ojos no existe.

La niña llora un poco y abraza a la muñeca y al brazo que quedó suelto.

Niña:
Le arrancaste un brazo.

Luis:
Era una muñeca fea. Y sucia.

Niña:
Pero me la regaló mi papá. Ahora qué va a decir.

Luis:
Tu papá no habla nunca. Sólo grita un poco.

Niña:
No es cierto. Cuando nos quedamos solos, a veces me cuenta un cuento.

Luis:
Otra mentira.

Le saca la muñeca de los brazos y le arranca el otro. Después la tira contra la pared. La luz sigue ese movimiento y se ve a La Figura estática, que mira a Luis fijamente.

Niña:
¿La viste?

Luis:
No. Sí. No. ¿Es ella?

Niña:
Sí. ¿Viste? No tiene ojos.

Luis:
Tiene ojos sí. Lo que pasa es que está muy oscuro y no se le ven.

Niña:
No tiene ojos. No los necesita. Sabe todo.

Luis:
Anda, vamos a jugar con tu papá.

Niña:
Tienes miedo. Le tienes miedo.

Luis:
No. No me interesa tu mujer sin ojos. Vamos a jugar.

Niña:
Le tienes miedo. Tienes miedo de que te haga algo.

Luis:
No me va a hacer nada. Anda.

Niña:
Está bien. ¿Qué hacemos?

Luis:
¿Tienes la cuchara?

Niña:
Sí.

(Mira hacia La Figura, que se acerca a ellos; Luis no se da cuenta)

Luis:
Dámela.

Niña:
¿Qué vas a hacer?

Luis:
Mi papá me enseñó algo nuevo.

Se acercan al bulto. Luis se inclina, de espaldas al público. Se escucha un grito espantoso.

La Figura se acerca a Luis y parece que quisiera abrazarlo.

Niña:
Es nuevo. Es nuevo. ¿Le sale sangre?

Luis:
Un poco, no es nada.

Niña:
No ensucies que mi mamá se enoja. Además es mi papá. No quiero que le salga sangre. Eres malo.

Luis:
No, es el juego. Es así.

Niña:
Pero después me ayudas a limpiar.

Luis:
Los niños no limpian.
Anda, es tu turno.


Otro aullido. La Figura cada vez más cerca de ambos.

Niña:
Espera. Me vino hambre.

Luis:
¿Ahora?

Niña:
Sí, vamos a tomar la leche.

Los niños salen del cono de luz y La Figura observa al bulto; la sábana está manchada de sangre.
 


 

Escena 7

La niña está sentada en la silla. Abajo está La Figura.

Niña:
Luis es un miedoso. Vio a la mujer sin ojos y le dio miedo.
Me aburre. Mi mamá se aburrió de mi papá y le dijo que se fuera.
Mi abuela se alegró, pero yo lo extraño. Me gustaba cuando estaba con nosotras.
Me quedé con la cuchara. Es un bobo, no se dio cuenta.

La Figura se acerca a la silla y comienza a subir mirando hacia arriba. La niña la mira. Saca la cuchara y se mira en ella. Después apunta a La Figura con la cuchara.

Niña:
No te acerques más. No te acerques te digo.

La Figura alcanza la base de la silla y termina de subir. Le da trabajo, es torpe. La niña la patea, trata de apartarla, la lastima con la cuchara, y La Figura aúlla y se escucha el aullido. Es horrible. La niña grita también. La Figura alcanza la base de la silla, aparta a la niña y se sienta. Toma la muñeca en brazos y la acaricia, la acuna, como si fuera un bebe. Se la acerca el rostro, la lame, toca las partes que no tiene brazos.

Niña:
Déjala, no la toques, me la regaló mi papá.
Vete. Vete. Eres asquerosa, no te quiero.

La Figura tira la muñeca para abajo, que cuando cae hace un ruido como el de un cadáver contra el pavimento. Entonces suena una música (por ejemplo la banda de sonido de El Cuervo) y las luces se vuelven negras y "enloquecen". De algún modo La Figura le hace el amor a la niña.

 


Escena 8

La niña está sentada en el suelo, rodeada de los juguetes. Entra Luis.

Niña:
Inventé un juego.

Luis:
Por fin. ¿Cómo es?

Niña:
Siéntate acá.

Luis le hace caso. La niña lo ata a las patas de la silla y le pone la muñeca sin brazos entre las piernas.

Niña:
Tienes que hacer de cuenta que es tu hija.

Luis:
Los varones no juegan a las muñecas.

Niña:
No es jugar a las muñecas. Yo no juego a las muñecas. A mí no me gusta ser nena. Ya te lo dije.

Luis:
Bueno, está bien. Pero no me gustan las muñecas.

Niña:
Ya lo dijiste. ¿Por qué siempre repites lo mismo?

Luis:
¿Qué te pasa?

Niña:
Nada. Ahora viene la mujer sin ojos.

Luis:
Otra vez con eso. Ya te dije que eres una mentirosa.

Niña:
No. Va a venir. Me dijo que iba a venir. Le dije que tenía que venir para que me creyeras.

Luis:
A que no.

Niña:
A ti te gusta jugar con mi papá.

Luis:
Claro. Aunque habla poco. Mi papá habla más.

Niña:
Mi papá habla cuando tiene algo para decir. El tuyo habla todo el tiempo. Y no dice nada.

Luis:
¿Cómo lo sabes?

Niña:
Me dijo mi mamá. No, no me dijo. Se lo dijo a mi abuela.

Luis:
Pero tu abuela no entiende nada. Entiende todo al revés.

Niña:
Sí, pero mi mamá le dijo: nunca habla. Se da vuelta, prende un cigarrillo y no dice nada. Y fumar está mal.

Luis:
¿Y tu abuela qué dijo?

Niña:
Que todos hacen lo mismo.

Luis:
Yo hablo.

Niña:
Pero cuando seas grande vas a dejar de hablar; eso dice mi abuela y dice mi mamá.

Luis:
Mienten. Mienten.

Niña:
Cállate. Ahí viene. Ahí viene. Ahí viene.



Escena 9

Se escucha la misma música del principio. La niña está en la silla alta, con la muñeca sin brazos. La luz la enfoca y después a Luis, atado y con los ojos cerrados. A su lado hay una botella con el bicho adentro.

La luz se apaga y después ilumina los juguetes, rotos, deshechos. La pelota pinchada, la locomotora despedazada; etc.

La niña canta, en lo alto de la silla.

Niña:
La mujer sin ojos vino y Luis no me creyó. La tenía delante de los ojos, pero no la quería ver. Usé la cuchara. El papá la había afilado muy bien

Se baja de la silla, con mucho cuidado. Deja a la muñeca arriba.

Niña:
Le dije que me hiciera caso. Que yo no miento porque mi mamá me dijo que está mal. La verdad es importante. Dice mi mamá.

La luz la enfoca de frente. Tiene una peluca roja en la cabeza y sobre la ropa un traje similar al de La Figura. En la mano lleva la cuchara ensangrentada.

Niña:
Jugué con mi papá pero me aburrí. Es un grande. Con los grandes no se puede jugar, porque piensan mucho y no se lo toman en serio.

Se acerca a Luis. Lo mira. Tiene el torso desnudo, cubierto de escamas pintadas. No está claro si están pintadas o cortadas. En todo caso, hay rastros rojos, que podrían ser sangre, y tiene los labios pintados.

Niña:
Así pareces una mariquita.

Tararea la canción.

Niña:
Mi mamá dice que no mienta. Así que no voy a mentir.
Me aburro. No me gusta nada el tiempo que me falta para crecer. Tengo que ser una niña, pero no soy una niña. La mujer sin ojos me lo dijo ayer: no eres una niña. Eres una persona. Me acarició la cabeza. Me cantó una canción. Mi mamá no sabe canciones.

por la escalera Ana rodó.
y a Bernardo un oso se lo comió
del balcón se cayó Daniel
y con un dulce Enrique se atragantó
una sanguijuela desangró a Fernanda
y en el lago se perdió Miranda
Juan bebió lejía por error
y a Klaus con un hacha alguien desmembró
Laura comió tachuelas
María fue abandonada en altamar
Nicolás de tristeza murió
y Oscar un huso se clavó
Pedro fue aplastado por la multitud
y a Quique el pantano se lo tragó
Rosa se incendió
por culpa de la maestra Susana se suicidó
Teresa explotó
a Ulrica una boca de tormenta se la llevó
un tren a Victoria aplastó
Washington atrapado en el hielo quedó
a Ximena se la comieron las ratas
harta de sus padres Yandira se golpeó la cabeza hasta el fin
y Zulema bebió mucho demasiado gin **
 

 


Escena 10

La luz ilumina la silla. Luis está sentado en ella. Lleva el torso desnudo, cubierto de las escamas. Tiene la muñeca en una mano. Abajo, la Figura observa la escena. Suena la música de la cajita de música, pero distorsionada. La niña hace la danza de mayo entorno a la silla. El niño la observa y se contrae, asustado. La música da paso a un tema de The Mission o similar. La niña canta. Esta escena debe dar la idea de que suceden diversas cosas a la vez, en distintos planos. De a poco entran en escena (o se proyectan contra las paredes) hombres y mujeres que bailan al son de la música, ajenos a todo y se suman a la danza de la niña. Unos arrastran una botella gigantesca. Es algo grotesco, feo. Desagradable. En determinado momento alzan a la niña entre varios, como si fuera la princesa, y la tiran por los aires. La niña cae entre la multitud.

Luis (grita para hacerse oír):
No me gusta este juego. No me gusta. Papá, papá.
Papá. No me gusta. Quiero salir de acá. Quiero irme. No me gusta más. No quiero jugar más.

Mientras repite eso, la Figura comienza a trepar por la silla y los demás también. Hasta que quedan todos trepados a la silla, y la niña abajo, mirando hacia arriba, con la cuchara en la mano y riendo.

Niña:
Es el juego. Es el juego.
Vamos a meterlo en la botella, como al bicho. Vamos a meterlo.

Entre todos lo bajan de la silla y lo empujan hasta donde está la niña. Quedan los dos enfrentados, la botella entre ambos.
Las demás apariciones lo empujan hasta que Luis cae al piso. Se enrolla como si fuera un feto y se cubre la cabeza con las manos.

Niña:
No te escondas. Mirá. Siempre hay que mirar. Hasta la mujer sin ojos mira. Mira todo, siempre. ¡Luis: mira!

Dos o tres se inclinan y le separan los brazos de la cabeza, lo incorporan para que mire. Luis aúlla y se revuelca, aterrorizado.


Niña:
Cuando miras sabes qué es verdad y entonces no mientes. Tu padre es un mentiroso. El mío no. Le arrancaste los ojos a mi papá.

Empieza a sonar The Mission (o similar) y las apariciones bailan alrededor de Luis. Es una danza fea, grotesca, torpe, como si fueran oligofrénicos que quieren parecer normales. Algunas se tocan entre sí, pero como si no se dieran cuenta o no importara. Se arrancan partes de las vestiduras. Debajo de la ropa se ve que tienen cicatrices en la piel. La Figura queda bien a la vista. Enfrenta al público y la niña la mira, extasiada.

Niña:
No tiene ojos pero ve. Ve todo. Que hable. Mujer sin ojos: habla.

La Figura se contorsiona mientras se arranca la ropa que le cubre el torso.
Luis se desprende de las apariciones y corre, pero no tiene a dónde ir. Después queda frente a la Figura, que hace una danza seductora para él, una especie de strip tease artificial. Esto debe ocurrir con luz negra, y entonces se ve que el torso de la Figura está totalmente cubierto de letras y palabras. Se da la vuelta y se ve que la espalda también está cubierta de palabras y letras. Y además tiene cicatrices rojas que le cruzan la espalda.

Niña (grita en éxtasis)
Tu papá nunca hizo algo así. No sabe.

La Figura se acerca cada vez más a Luis hasta que lo abraza y le pasa la lengua por el rostro y le saca la camisa. Después lo aparta de sí y lo sopesa. De un empujón lo devuelve a centro de la ronda y las demás lo apresan.

La Figura:
Cuellos rotos, bocas quebradas, cuencas vacías. No les des la espalda. Te arrancan el corazón, te comen el alma. No dejan nada. Huesos. Aschen. Feuer. Glass. Cerdos. Espinas. Llagas. Pus. Costras. Mármol. Piedras. Belleza.

Se detiene y lo mira como si recién lo viera.

La Figura:
¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué me dejaste caer?
¿Por qué lo hiciste?

La niña se abre paso entre todas las apariciones y se pone junto a la Figura.
Le da la muñeca rota, que ya es sólo una especie de torso con cabeza y una pierna, y la Figura la lanza contra la pared. Se escucha el rebote del golpe.

La Figura:
A la botella, a la botella, a la botella.

Se apaga la luz.


 


Escena 11


(suena el tema 1 de The Mission o similar)
Luz negra.
La Figura, a un costado o en segundo o último plano:
se retuerce, se contorsiona, aúlla en silencio; hace algunos movimientos que pueden interpretarse como una masturbación, pero también como el imperativo de quitarse las ropas y la propia materialidad del cuerpo. En algunos momentos llega a meterse los dedos en las cuencas vacías de los ojos, en la boca. Se acerca al límite del escenario y danza en forma torpe y grotesca más para sí misma que para el público.


Se enciende la luz en forma breve pero suficiente como para que se alcancen a ver los juguetes sobre el suelo negro: un vagón de ferrocarril, una muñeca desnuda, una pelota grande de colores, un poco desinflada, separados a gran distancia entre sí, de modo que en realidad parezca que están solos en el espacio.

Niña:
Soy una niña. Está a la vista. Hago cosas de niña. Me porto como una niña. Canto canciones de niña. (pausa) Ser niña es aburrido. Quiero crecer. Cuando crezca hay cosas que ya no voy a hacer. Como jugar, por ejemplo.

Se apagan la luz y la música.


 

Fin
_________________________________________________
* en alemán: extremo, grosero
** traducción libre del Álbum de Postales Góticas de Edward Gorey